V CONCURSO RELATOS CORTOS UHC

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EL ACECHO DE LA GRIETA

En una herrería común de la aldea entra un niño con su ropa de combate y solicita al otro niño
dueño del establecimiento que le proporcione una espada con efecto anti Nasiad, este le dice
que son muy solicitadas últimamente, entonces saca una espada del estante, prepara un
encantamiento ayudándose de un libro escrito con un lenguaje extraño y una serie de
movimientos, una vez brilla brevemente se la entrega a su nuevo propietario quien le paga en
moneas de plata y se despide.
Norman camina en el prospero poblado lleno únicamente de gente de mas o menos su edad,
pensando en cuantos de ellos han hecho lo que el hará.
Tras un rato de caminar ya casi por anochecer Norman consigue llegar a la cantera, que es donde
apareció el Nasiad mientras trabajaba, se adentró a la zona donde había mas montones de
mineral, unos más alto que otros, perfecto para ocultarse, Norman mira hacia ambos lados y
lentamente desenvaina la espada, se empiezan a apreciar las estrellas y se siente el frio, se
queda unos segundos en silencio, es entonces cuando el Nasiad aparece, y enseguida como
producto de un hechizo de ceniza desaparece tras una gran piedra, es una criatura que no parece
estar en un solo lugar, se la describe como una mancha borrosa, son pocos quienes han podido
verla a los ojos o lograron darle una forma a su cara, su juego es confundir a la víctima, y
mantenerla alerta para que no sepa de donde viene el golpe.
Aparece justo detrás de el, lo sabe por el sonido, trata de atacarle con la espada, pero enseguida
cambia su posición a adelante y lo empuja con mucha fuerza contra una piedra, se da un golpe
que lo desconcentra por un momento, pero se pone en guardia enseguida, empieza a moverse,
pega la espalda tras una piedra en forma de monolito para que no lo ataque por detrás, aparece
al frente y logra incendiarse rápidamente antes que le enceste un golpe, solo deja el pequeño
rastro de ceniza.
-¡Maldición¡ -Exclama Norman, mientras mira con impaciencia y miedo a todas partes
esperando un golpe que no sabe qué forma tendrá.
Se hace más tarde, Norman ha estado moviéndose y recibiendo golpes, entonces decide probar
algo nuevo, hace memoria y recuerda las historias que le han contado, recordó a Larry del bar
quien una vez logro derrotar a un Nasiad utilizando el hechizo del espejo le conto que Glenn el
cazador de Deulles le dijó que cada Nasiad igual que los Deulles tienen una debilidad, y que
aunque parecen estar relacionadas suelen ser muy diferentes.
Norman entonces piensa en cambiar su estrategia, lo primero que hace es tranquilizarse, esto
hizo que el Nasiad apareciera mucho mas frecuentemente, se sorprendió entonces de notar que
logro un cambio, asi que probo otra cosa, se sentó en el piso con las piernas cruzadas y la espada
al frente suyo, el Nasiad desapareció por un momento, y mientras mas se tranquilizaba y trataba
de ignorarlo este aparecía y se esfumaba mas, a una mayor velocidad, el sonido de las mini
explosiones que hacia al esfumarse empezaba a molestar.
Norman decide cerrar los ojos, el sonido se hizo cada vez más fuerte, como si fuera un circulo
que cada 3 segundos se achicaba más hasta llegar a él, cuando lo sintió muy cerca sin pensar y
con los ojos aun cerrados tomo la espada y la movió rápidamente de un lado a otro atacando en
diagonal a algo que no veía.
Abrió los ojos. Vio una ultima mini explosión, pero esta fue algo más intensa, bajando la mano vió como el Nasiad desaparecía y dejaba su ultimo rastro de ceniza.
Silencio, a su alrededor habían muchas marcas de ceniza en el suelo, el viento movia su cabello,
se sintió mas libre que antes, lentamente guardo la espada en su sitio, dio un ultimo vistazo a la
cantera.
-Al fin logre ocuparme de un Nasiad. -Pensó Norman antes de retirarse a su casa caminando. Ojala tuviera a quien contárselo.
Asi es la vida en la aldea, a veces los habitantes son atormentados por monstruos, algunos de
estos toman la forma de sus amigos en los momento menos esperados y hacen que los ataquen,
o te transportan a la cima de altos acantilados a punto de caer y luego te regresen a su sitio
original, es lo mas normal allí, unos luchan y logran un cambio, otros solo se acostumbran, la
mayoría de las personas se lo cuenta a su familia y otros como Norman no lo hacen, hay quienes
tiene grandes luchas, estudian a los monstruos que los persiguen, a otros no les importa tanto
y lo ven como algo a lo que hay que acostumbrarse para que no les afecte, otros nunca han visto
a una de esas criaturas lo que a veces hace que no crean, pero los que han sufrido las visitas de
estos seres saben lo reales que son.
Los días pasan, estos se convierten en meses y los meses en años, pero no parece afectar a la
joven población, trabajan, estudian, se casan y algunos tras esto desaparecen, igual que siempre
ha sido, la aldea no ha cambiado tanto, la gente sigue trabajando en la cantera, ahí se encuentra
Norman, picando junto a sus compañeros una tarde como cualquiera, cuando de repente mira
algo en el cielo, una especie de nube oscura, pero muy pequeña, esta baja al suelo a unos metros
de el, Norman mira a todos lados, parece que solo el lo ve, Glenn le conto sobre eso una vez en
el bar asi que sabe lo que sigue, la nube desciende al suelo y se convierte en algún tipo de
relámpago oscuro que rápidamente recorre el piso esquivando la piedra y a los demás, y se
apodera de Norman, no siente dolor, pero todo se pone oscuro, como si de la nada se hiciera de
noche y no hubiera ninguna luz por ninguna parte, suelta el pico.
Norman suda demasiado, y lo sabe, tras tantos años en paz algo surgió a molestarlo, de las
peores criaturas que se han podido estudiar en la aldea, un Deulle.
La luz regresa a como estaba antes y Norman se empieza a sentir muy cansado, sabía que eso
pasaría asi que decide seguir con su jornada, toma el pico y empieza a picar, mientras pica siente
a lo lejos que la criatura se esta alimentando de algo lo que hace que crezca lentamente aunque
por el momento no la vea. Da otro golpe a la piedra.
Pasan los días, Norman esta en su pequeña casa cortando vegetales, se sigue sintiendo cansado
pero hace un buen esfuerzo para que no le afecte, usualmente iba al bar con Larry y Glenn pero
quería como de costumbre encargarse de los monstruos el solo, sabia que si iba con Glenn talvez
surja el tema, pues es su especialidad, así que prefirió evitarlo, cuando pone todos los
ingredientes en la olla y la olla en la hoguera recuerda algo que lo hace enfurecer, mira el fuego
y mientras mas lo mira. Sabe que esta cerca, se aproxima a la ventana y mirando en la oscuridad
ve a lo lejos lo que temía, el Deulle ha crecido, ahora lo ve, y es mucho mas grande que el, como
del tamaño de un edificio de dos pisos, Norman se da cuenta de que es hora de hacer algo antes
de que se ponga peor.
En la mañana siguiente llega al bosque de la aldea, los arboles están algo separados entre si, son
muy altos y con ramas gruesas, es un buen lugar para luchan contra criaturas que lanzan proyectiles pues hay mucho espacio para esconderse, se aproxima a un área donde los arboles
están algo mas separados entre si y lo ve.
Es el Deulle, es claramente mas grande que el, se ve como un montón de tierra y piedras, le
salen gusanos de algunas partes, no tiene boca pero si unos ojos grandes que brillan
opacamente, ha crecido un poco mas desde el dia anterior y Norman lo sabe, es por eso que
debe acabarlo de una vez, sabe que podría acabar mal pero valientemente decide atacar.
Desenvaina la espada mas grande que tenia y corre hacia la criatura, esta se da cuenta y le lanza
un puño antes de que se acerque lo suficiente para que lo hiera, Norman lo esquiva por muy
poco y trata de dar un espadazo, el Deulle toma la espada con la otra mano, Norman cae
resbalándose a través de la criatura, el esta herido pero la criatura no, rompe la espada en dos
y la deja caer al suelo, Norman tiene una pequeña hacha en la espalda , justo antes de tomarla
decide que mejor no, podría perderla también, asi que se incorpora y decide irse corriendo para
pensar en otra cosa, la criatura no parece perseguirlo, pero si lo observa amenazadoramente.
Al dia siguiente Norman vuelve al bosque, camina lentamente y ve a la criatura, se cubre con un
árbol y se coloca el guante mágico, se prepare y sale corriendo a atacarlo, lanza proyectiles de
fuego y piedra por el guante, mientras corre y se escabulle, este lo persigue y el mientras corre
le sigue lanzado magia, tras un rato de persecución el Deulle toma una pesada piedra del piso y
la lanza a Norman, quien la esquiva rápidamente y se oculta tras otro árbol, el espectro con una
patada derriba una árbol que cae como domino sobre el árbol donde estaba norman,
aplastándolo mientras el se ajustaba el guante, eso lo hiere y deja la mano a fuera, el gigante se
acerca, Norman desde su incomoda posición lo ve, la criatura pisa la mano del guante, no le
duele mucho pero en cuanto el guante se rompe la criatura se retira lentamente dejando a
Norman atrapado.
Los siguientes días pasan igual, Norman intenta atacar de distintas formas, la técnica del espejo
un día, otro día invoca un espectro menor para pelear, trata de atraerlo al agua para ver si es su
debilidad, pero nada funciona, Norman viendo como el monstruo sale del agua se enoja de
frustración.
Después de eso mientras va cargando una catapulta Glenn lo encuentra el el pueblo, le habla y
lo invita a beber, pero el esta furioso y responde de mala manera, Glenn lo toma del brazo para
detenerlo y le dice.
-Se lo que pasa, puedo ayudarte.
Norman con su mirada furiosa asiente con la cabeza.
El bosque esta silencioso, lo único que suena es el Deulle que camina hacia una cueva, no se
imagina que dos personas lo esperan desde un árbol, Son Norman y Glenn, este ultimo le dice
que debe hacer.
-Con esto – le menciona Glenn desde la gruesa rama en que ambos se encuentran pasándole
una daga, -No pueden mirar hacia arriba, saltas a su cuello, te enganchas y lo cortas.
Norman toma el cuchillo y lo mira, ve a Glenn y le agradece la ayuda, unos segundos después la
criatura esta justo bajo ellos asi que Norman se lanza hacia ella, mientras cae desde esa altura
nota algo que no había visto, en el cuello del Duelle hay una manguera quirúrgica.
En el cementerio de la ciudad capital hay mucho silencio, esta toda la familia vestidos de negro
mirando la moderna tumba y el hueco para el ataúd, Norman el hermano de en medio de 34 años saca de su teléfono y revisa la hora, no aguanta nada de esto, la vida de el y de sus
hermanos ha sido dura, problemas familiares, violencia, drogas, cárcel, y ahora esto, es la
primera vez que alguien tan cercano a el muere, pero al menos esta vez sabe como manejarlo,
con la única técnica que no intento antes, pedir ayuda.


Autor: Ottecal

MIS PAPINES COLEGAS

Mi mamá eh cada vez que pelea con mi papin de oro le dice…¡¡ Cualquier día agarró la puerta y te quedas ahí con dos palmos de narices!! Mientras él hace gestos de no creerse ná.Que yo no entiendo a estos mayores.. ¿Para qué va a querer mi papin dos palmos de narices?? Y mi mamá¿porque cuando se pone puntiaguda quiere agarrarse a la puerta? En fin,quien los entiende que paciencia con ellos de verdad… El Lunes pasado bien temprano mi mamina hizo la maleta y metió todos los vestidos, zapatos y joyerías. Hasta el vestido turquesa que tanto me gusta jugar con él. Agarró a mis hermanos pequeños bebés, alexia y Sergio. Y se fue, la puerta no la agarró, pero dio un portazo eh, que casi sale la puerta volando para la casa de los vecinos, si es que tiene un carácter de lo más peor. Mi papin con cara de acelga mustia, nos reunió en el salón a mis hermanas mayores Tabi, Yasmi y yo, sabíamos que se mascaba la tragedia, porque cuando nos reúnen en el salón nuevo es que hay movida chunga. Mi papin dijo : Hijas a partir de hoy, vuestra mamá y yo seremos colegas. Vuestros hermanos pequeños vivirán con ella y vosotras tres conmigo. Nos pusimos súper tristes, hasta que yo con mi inteligencia y sabiduría dije: ehhhhhh mirar ¡tendremos dobles casas, dobles regalos de cumpleaños y dobles regalos navideños y dobles vacaciones de verano!! Yuhuuuuuuuu!!! Y nos pusimos a saltar de alegría por todo el salón. Pero esto de tanta casa nos lleva de cabeza, que sí maletas para aquí, que sí maletas para allá, que si cajas y más cajas… y que lio con los muebles… que si esto me lo quedo yo que para eso lo compré, dice mi papin. Que sí pues esto me lo llevo yo, que tu no tienes ni puñetera idea de decoración. Dice mi mamá llena de razones y es que mi papi se pone a construir y sé ciega pero con la decoración ya es la perdición familiar. Luego menudo mareo, que mañana os llevará tu padre al cole, que si os recogerá vuestra madre,que mañana os irá a buscar vuestro abuelo y luego aparece papin o no aparece ninguno y todos pelean dijiste tu que ibas, no que te dije que yo no podía y así. Lo mejor es si nos llevan los abuelos a su casa, que nos llenas de comida súper guay y mogollón de chocolates. Mi abuela tiene una súper caja eh de galletas y chocolates de miles de formas.. Aww como molan mis abuelos y más ahora desde que mis papines le dan al colegueo… pero mis papines de colegas eh, no me simpatizan. Ahora están de acuerdo con los castigos, que todos son para mi como siempre, en eso no ha habido cambios y eso que soy más santa que santa. Pero ná que no me libro de ninguno oye.. Y hasta mi mamina está de acuerdo en que mi papin nos hinche a vegetales, claro como ella ahora se libra de comerlos. Pues ala todos los vegetales para nosotras grrrr… y día sí y día también no se le acaba el huerto. Qué hombre qué obsesión con el vegetal. Y se la pasan todo el día broma que broma. Antes molaba mas, porque si yo quería ir al parque con mi pandi iba a mi papin, díselo a tu madre e iba a mi madre díselo a tu padre y así los tenía mareados dos horas, hasta que ya mi mamá decía : mira Damla haz lo que te salga del jiliguin… y ná que me salía con la mía. Pero ahora el otro día se lo dije a papin y me dijo espera que llamó a tu madre…dice tu madre que no. Así que a tu cuarto a estudiar y no quiero rechistar. Y así tooodos los días.. Que ya ni veo a la pandi grr… y mi papin eso sí, está de un quiquiyoso, como se pone por ná, el otro día estaba yo con mis acuarelas y porque se le manchó un poco sus zapatillas nuevas, ¿pero a quien se le ocurre dejarlas justo en la pared donde yo iba a pintarle un dibujo?! Uy pues se puso que hasta juraba hebreo, eso dijo mi abuelo… anda nietecita vete a tu cuarto que ya tu papá empieza a jurar en hebreo… pues no veo yo tanto escándalo por unas pintitas de nada. Y ná que en eso llego mi mamá y claro ahora de amiguis le apoyó a él y me metió un castigo a más peor grrr.. Y aquí sigo en mi cuarto.. Que rollo de vida, estoy por hacerme eh colega de mis papines e irme a mi casita del árbol. Y ya verán ya…. ¡¡Cómo voy a ser la más mejor colega del mundo mundial!!!

Autora : DAMLA MITRI NEXEN

MI TRISTE DESTINO

Aún recuerdo esa noche, la noche en la que perdí todo, la noche que me lleva persiguiendo desde que tengo memoria, trágico o coincidencia de la vida, algunos tienen la osadía de llamarlo suerte. Pero para mi no es ni coincidencia ni suerte es una maldición.

Todo comenzó como suele comenzar una historia feliz, mis padres eran felices a mis ojos no veía rastro de desesperanza pero al tener solo 7 años en ese momento es muy difícil saber qué piensan los adultos en mi inocencia o la ignorancia era feliz hasta que una noche después de haber jugado e incluso haber comido un banquete lo cual era un poco extraño de la nada desperté a media noche entre vómitos y una sensación asfixiante, no pude entender realmente qué pasaba intente despertar a mis padres entre llanto y desesperación pero ellos no despertaban pensé que tal vez simplemente estaba exagerando y ellos estaban muy cansados pero no pude estar más equivocada, al levantarme a buscar un poco de agua que mi madre siempre solía dejar en la mesa de la cocina me pude percatar de que las cosas no estaban para nada bien, pude observar como en la cocina todas las hornillas estaban encendidas y estaba abierta la tapa del horno sin embargo seguía sin entender, cada momento podía respirar menos no podía tragar el agua mi cabeza estaba perdiéndose a punto de desfallecer, con mis últimas energías me acerque a la ventana que daba vista hacia el patio cuando me encuentro que está cerrada desde afuera y además tenía cinta en los bordes. Seguía sin entender qué estaba sucediendo volví a despertar a mis padres pero no reaccionaba a ningún estímulo ni por mi llanto ni algunos golpes, al no poder respirar solo me quedaba una opción intentar salir a buscar ayuda aunque no me iba a ayudar demasiado la hora igual debía intentarlo, intente abrir la puerta de salida pero por algún motivo no podía sacar los seguros en mi mente solo podía pensar en salir por una ventana y así fue por suerte o maldición recordé que hace unos días jugando con mi padre al béisbol habíamos roto el cristal de una de las ventanas de la cocina y esa fue mi bendición o maldición pude romper la cinta y salir pero solo aquí comenzó mi destino.

Escucho la alarma de mi despertador y puedo ver que son las 4:30 AM es hora de empezar con mi día, desde los 8 años fui acogida por la familia de mi padre por su hermano específicamente donde me enteré de la verdad o del por que de todo lo que paso, mientras me levanto todos los días no puedo evitar pensar en como mi familia estuvo tan mal y yo no me di cuenta, mi padre le debía una gran suma de dinero a mi tío y no solo a él le debía a muchas personas la deuda llegó a ser tan grande que era casi imposible pagarla al mismo tiempo de mantener una familia fue una deuda que se acumulo con intereses durante demasiado tiempo sin embargo sigo pensando que mis padres tomaron una decisión muy egoísta, si podíamos haber salido adelante me repito cada mañana entre lágrimas mientras me cepillo los dientes, a las 5:00 AM ya estoy lista y me dirijo a la cocina donde preparó el desayuno para la familia de mi tío unos huevos con tostadas para él, su esposa y su hija son suficientes además de algunos cereales, hoy es 15 de Abril es muy cumpleaños como si a alguien le importara en realidad, otro año mas para mi hoy son 16 ahora. Al dejar listo el desayuno me dirijo rápidamente a abrir la tienda de mi tío 6:00AM es un mini supermercado donde mi tío me ha dejado trabajar para pagar la deuda de mis padres, pero también me deja ir al colegio que es una bendición sé que puedo con esto, lo voy a hacer voy a pagar todo y limpiar el nombre de mis padres. Mi tío acaba de entrar por la puerta de la tienda y me da las gracias por el desayuno además de pedirme que me vaya ya a estudiar.

Ada de verdad no tienes que esforzarte tanto yo no puedo perdonar a mi hermano por lo que hizo y al contrario de lo que tu crees yo no te odio ten un buen día y cuida de tu prima por favor-Dijo el.

Solo asentí con la cabeza y salí rápidamente a encontrarme con mi prima en la puerta, ahí estaba ella una chica bastante frágil y guapa, aunque desde que me mudé con ellos no ha hecho más que hacerme la vida más difícil de lo que ya es. Mientras caminábamos hacia la parada del transporte público solo podía pensar en que hice acaso fue un error nacer o fue un error tratar de vivir en ese entonces, al alejarnos lo suficiente escucho a mi prima decir como no puede entender que sus padres me acogieron solo le ha complicado la vida a ella y como antes de que yo estuviera en su vida su padre solo le prestaba atención a ella y no solo eso también tiene que soportar ver como me destaco en clases por mis buenas calificaciones. La realidad igualmente solo la conoce mi tía y mi prima. Mi tía me ha negado durante ya algunos años mi mesada para comprar un almuerzo en la escuela a veces no me da tiempo de desayunar, no todos los días me es fácil despertar, al subir al autobús me siento alejada de mi prima la verdad siento que no le agrado, pero no siempre fue así a pesar de todo tengo recuerdos agradables y cálidos de nuestra infancia simplemente no puedo odiarla al ser uno de mis recuerdos más felices, de verdad me aflige demasiado no poder llevarme bien con ella.

Al llegar a la escuela cada una va por su rumbo ella al ser una chica bastante bonita y excelente bailarina tiene una gran figura además de una buena personalidad al menos en eso no ha cambiado, es increíble como la situación personal o quizás social pueda afectar a la familia y amistades. Me alejo al ver como Katherine se agrupa con sus amigas y me dirijo a mi salón de clases, aquí al menos puedo contar con una amiga quizás no me vea así, pero para mi es un gran consuelo simplemente sentarme a su lado y poder conversar un poco. En la hora del almuerzo me siento con mi compañera en el comedor que siempre, aunque no se lo pida me da una fruta y el pan diciéndome que la dieta me va a matar, sonrió y le doy las gracias respondiendo que tiene razón, pero por ahora necesito hacerla, le digo entre risas-, definitivamente Alicia es una gran persona creo que puede entender lo que me pasa solo mirándome a los ojos y es tan amable de no preguntarme nada simplemente me ayuda como puede y me ofrece su amistad.

Terminando la hora del almuerzo el día de hoy nos encontramos con la grata sorpresa de que el profesor de Ciencias no ha llegado hoy a tiempo y canceló la clase con lo cual Alicia al conocerme sabría que iría a la biblioteca a terminar mis tareas del día en lo que me tomó de un brazo y me detiene, Ada por favor solo por hoy por que no me acompañas a ver la práctica del equipo de futbol, no pude resistir al pedido de Alicia así que la acompañe donde después de ver la práctica se acerca a uno de los chicos y me lo presenta. Un chico bastante alto y un poco lindo, con vergüenza me presente y los deje solos. Por suerte la práctica no fue muy larga así que pude terminar mis tareas y volver a casa, realmente no es volver a casa solo dejo mis cosas y me voy a trabajar a la tienda, después de trabajar ahí desde los 12 años para mi tío he podido pagar la mayoría de la deuda realmente siento que me estoy acercando a la libertad. Al llegar a la tienda me encuentro con mi tío el cual me dice, llegaste temprano hoy ¿faltó algún profesor?, con lo cual asiento con la cabeza y me responde, tengo una buena noticia para ti estuve sacando cuentas de todo lo que has trabajo desde hace 5 años y este es el último mes que necesitas trabajar para poder terminar de pagar la deuda dijo el-, para mi escuchar esas palabras fue un real alivio poder ver que todo mi esfuerzo valió la pena el poder limpiar el nombre de mis padres, le pedí a mi tío que fuera a descansar que yo me quedaría en la tienda es una suerte que la casa de mi tío está justo cruzando la calle de la tienda. Se despidió de mí con una sonrisa y lo vi salir cuando de repente en un segundo escuchó un golpe me asomo hacia la puerta de la tienda y veo a mi tío en un charco de sangre tendido en el suelo en medio de la calle. Entre gritos de pánico de los transeúntes yo me quedé inmóvil al no poder creer lo que estaba viendo por algunos segundos, para después por un subidón de adrenalina correr hacia mi tío y llamar una ambulancia rápidamente, el automóvil responsable de esta atrocidad lo pude ver huyendo de la escena en lo que llame a la ambulancia y los transeúntes rodearon la escena, salí corriendo a la casa, justo como estaba yo hace unos segundos en la puerta de la tienda pude ver a mi tía asomada en la terraza viendo cómo sucedió todo. Antes de reaccionar bajé a la calle para ir en la ambulancia con mi tío, primero mi tía me miró con un odio profundo y me agarró por mi cabello gritando que era mi culpa antes de bajar a la salida me dio un gran golpe en la cara y salió corriendo de la casa. Mientras tanto en el suelo no podía evitar pensar si realmente fue mi culpa solo por haber llegado unos minutos antes a la tienda y hacer que mi tío regresara a casa, ¿realmente es mi culpa? Debí haber compartido un rato más con Alicia y ese chico guapo que me presento, ¿debí por un momento de mi vida pensar en mi en vez de los demás?, pensaba mientras lloraba y escuchaba a la ambulancia y a mi tía gritando para que por favor salvaran a su esposo, lo único que pude hacer en este momento fue volver a la tienda y cerrarla además de llamar a Katherine para explicarle la situación entre lágrimas. 

Katherine al llegar a casa llamó a su madre para preguntar en qué hospital estaban en lo que salimos juntas para allá pero antes de eso, Katherine me dio una cachetada culpandome también del accidente de mi tío, diciendo entre furia y lágrimas que si su padre muere es mi culpa golpeándome repetidas veces. Ya en el camino pudimos llegar a la emergencia y encontrar a mi tia en el piso entre llantos con la doctora parada al frente, cuando nos acercamos a mi tía la doctora responde con una mirada triste «Lo siento» , al escuchar esas palabras solo pude caer al suelo entre llanto y ver como mi tía se paraba y sentir al tiempo una patada en mi estomago y mas patadas en mi rostro y cuerpo que yacía en el suelo, pude ver entre borrones en mi vista como se acercaban las personas a detener a mi tía que estaba hecha una furia mientras Katherine estaba con una mirada perdida en el suelo, solo podía escuchar los gritos de mi tía insultándome y diciéndome que era una maldita que no tenía que vivir tenía que haber muerto con mis padres, al quitarme a mi tía de encima me levanté y corrí por el hospital en medio de la sala de emergencia veía gente llorando y maldiciendo su destino y el de sus seres queridos. Llegue a mi punto de quiebre ya no podía más subí a la azotea del hospital respire profundamente pensé en todas las cosas buenas que había vivido y en los momentos felices que pase en mi vida, solo quiero estar con mis padres nuevamente, tome una decisión, la mejor decisión me levante en el borde de la azotea y vi como el cielo me regaló una hermosa vista para ese entonces era el atardecer, es como si el cielo me dijera detente, pero para mí, fue mi último regalo en esta vida. 

Autora: Kurumu

FELICES PASCUAS

Un hilo de sangre brotó de su mejilla y en un minuto dibujó, sobre la blanca formaica, una nueva constelación de estrellas rojas. Pero tal obra de arte, fue borrada velozmente por la mano, casi destruida y vestida con vendajes, de aquel hombre, el cual se apartó veloz de la mesa y cubrió su hemorragia con esa misma mano ya entintada en rojo. Entonces, la dulce, pero angustiada voz de una joven  le golpeó de nuevo en la oreja y lo hizo sobresaltarse.

— Necesitas un médico. Te llevaré a ver uno aunque tú no quieras — aquella voz, aunque dulce, sonó imperativa.

El hombre, que llevaba rato con los ojos ocultos dentro de la oscuridad de su capucha, no tuvo más remedio que dejarlos ver cuando inclinó la cabeza atrás y cuando tapó su herida del rostro con los vendajes de la mano. Aquellos ojos estaban cristalizados, azulosos, ahumados, casi carentes de pupilas. Enseguida el hombre volvió a ocultar sus ojos, regresó a la vez a su estado inanimado.

— Anda ya, iremos a la cruz roja.

A la larga lista de preocupaciones que llevaba cargando aquella joven, se sumó una más en aquel momento, pues miró al exterior del local y notó que la luz se estaba atenuando y agonizaba. El sol se había ocultado y la oscuridad devoraba los colores a gran velocidad. 

— Cielo santo, es tardísimo, ¡vamos ya! — insistió —. Tengo que llegar a una reunión familiar y si no nos apuramos no llegaré… y mi mamá me matará.

— No necesito un doctor. Puedes irte — sonó por fin la enferma y grave voz de aquel hombre y la chica, apenas pudo percibir detrás de la cortina de ruido que se formaba coral entre: una televisión encendida, los cuchicheos de los comensales de las mesas vecinas y el ruido de los coches del exterior, el cual se filtraba pleno al interior de aquella cafetería. 

Pero el ruido no era lo único que invadía el local, también lo hacía un fuerte aroma a moka y una tensión sin precedentes en los últimos años.

Y es que, veinte minutos antes, un hombre había sido atropellado justo afuera del local, o al menos eso afirmó uno de los meseros que salió para enterarse. Lo extraño es que, poco tiempo después, y escapando del tumulto de chismosos, un hombre con maleta deportiva al hombro entró a la cafetería y, a pesar de su cojera, tomó veloz la mesa más alejada de la calle. Vestía con jeans y un jersey de capucha alzada el cual estaba completamente manchado de aceite, sangre y hule de llanta, como si lo hubieran arrastrado por el asfalto. Luego, una joven en edad universitaria entró y lo persiguió suplicante hasta la mesa, intentando convencerlo, sin éxito, de quién sabe qué empresa.

Algunos clientes de la cafetería pensaron que era buena idea llamar a una ambulancia, pero ninguno se atrevió a hacerlo, solo se deshicieron en habladurías. Nadie llamó al 911, ni siquiera cuando decenas de patrullas pasaban lanzando alaridos por la calle y se perdieron veloces por la avenida. <<Que domingo más raro>> había susurrado otro de los meseros.

— Bien — volvió a hablar la chica, esta vez con coraje —. Te dejaré aquí si es lo que quieres, pero me deslindo de toda responsabilidad. ¿Entiendes? Si tienes hemorragias internas y mueres, si tienes huesos rotos o daño cerebral, ¡no será mi problema! — su voz llegó hasta los baños del fondo.

— Vete — repitió el hombre con esa voz espectral y ni siquiera la miró, se mantuvo, aparentemente atento sólo al menú de tríptico tipo vintage, que adornaba la mesa.

Ella, frustrada, resopló y con la mano se retiró algunos cabellos rojizos de la cara, dejando ver también sus ojos profundamente negros que mostraban su gran conflicto. Ella era muy joven y no estaba lista para enfrentar las consecuencias de un descuido al volante, tampoco para ignorar la culpa por haber atropellado a un hombre.

Finalmente se alzó dispuesta a  irse y se tomó algunos segundos más para convencerse a sí misma que era correcto desaparecer de la escena del crimen. Lanzó un tímido <<gracias>> y se alejó con dirección de la puerta, intentando, por vergüenza y miedo, no mostrar su rostro ante la gente.

La puerta estaba ahí, al frente. Al cruzarla sería libre de trámites y esperas largas en comisarías y hospitales. Eso le aliviaba un poco el alma, pero no lo suficiente. Sin saber por qué, se detuvo como si cadenas invisibles la hubieran atado y entonces se volvió para echar una última mirada a la mesa del fondo.

Ahí seguía el hombre, apenas iluminado por las lámparas anémicas del local. Ella no podía ver sus ojos pero pudo sentir que la estaba mirando. Él era joven, quizás de unos treinta años, moreno y de facciones en realidad amables, contrario a sus ojos blanquecinos, que más bien eran siniestros. En ese momento, y como una revelación divina, la voz de la mujer del noticiero de las ocho lanzó estas palabras desde el televisor.

<<Esta tarde se suscitó un tiroteo en un conocido restaurante en la zona costera de la ciudad, en el cual siete personas resultaron muertas. Aún no se han identificado los cadáveres, ni el motivo de la disputa, pero es posible que este incidente sea otro más, en la guerra entre los capos de los carteles que se disputan la plaza del pacifico, y en la cual, han muerto más de treinta personas en las últimas semanas, entre civiles y sicarios>>

El hombre del fondo estaba evidentemente perturbado y así, con sus ropas manchadas, lucía tan siniestro y místico como un demonio. Los meseros no habían querido ni acercarse, pero seguramente acabarían echándolo si seguía negándose a la asistencia médica o al menos a comprar un café.

<<Pero el horror continúa>> escupió la del noticiero <<En los minutos posteriores al tiroteo, circuló en internet, un video supuestamente tomado con el teléfono móvil de uno de los comensales civiles del restaurante. El cual, desde su mesa captó el momento en que un hombre usa sus propias manos para desarmar a otro y posteriormente lo decapitó sin usar herramienta alguna. El video no será mostrado en este noticiero pues contiene violencia explícita, pero algunos medios informales han especulado que la víctima captada en el video, es el conocido criminal apodado “águila real”, uno de los jefes de la mafia más poderoso de la región…>>

La chica arrancó por fin sus ojos del hombre atropellado y echó una mirada al televisor. En él se mostraba una fotografía pixelada, en la cual aparecían dos hombres, uno de ellos sometido a los pies del otro.  

Uno usaba ropas militares y su rostro era una mancha oscura y borrosa. El otro, la víctima, había sido captado con más claridad gracias a la posición del camarógrafo, de modo que podía apreciarse su enorme nariz y barba de candado.

<<Esta cadena de horrores ha paralizado a la ciudadanía y el gobierno, en respuesta, ha declarado el estado de alerta. La guardia civil arribó a la ciudad esta mañana justo después de que “otro” incidente, posiblemente relacionado, fuera reportado en el panteón municipal…>>

La joven arrugó la cara e ignoró completamente los horrores que la mujer del noticiero narraba. Y es que sus propios problemas ya eran suficientemente pesados. Regresó entonces sobre sus pasos y llegó de nuevo ante el hombre atropellado. Se secó la mejilla y de su bolso de mano sacó un papel y una pluma fuente barata. Usando de base la mesa, escribió el nombre de “Nayeli” y una secuencia de diez números al lado.

— Si no quieres que te lleve al hospital ahora, está bien, pero más tarde, cuando quieras descansar te dolerán los huesos rotos o las heridas que lleves dentro. No tengo dinero, no puedo ayudarte con eso, pero… — hasta ese momento ella sintió en verdad alivio y se dio cuenta de lo poderosa que era su consciencia —. Si necesitas algo, llámame y te ayudaré como pueda. ¿Entiendes?

En aquel momento alguien subió el volumen de la televisión.

<<Ya se investiga el incidente del panteón, donde los resto de uno de los policías muertos en la primera ola de violencia fueron exhúmanos ilegalmente por motivos aún desconocidos. Esta es la tercera vez que se vuelve noticia este policía, de nombre León Ventura, ya que el martes pasado dimos a conocer, en este noticiero, la historia de su deceso en un tiroteo en la zona río de la ciudad de Tijuana, >> 

— ¡Toma mi número! — ordenó la chica al ver que el hombre la ignoraba. Resopló de nuevo, apartándose de la mejilla, ese mechón de cabellos necios que le hacía cosquillas —. No me iré hasta que lo tomes.

Y ahí se plantó como mamá regañona. Por un segundo, a la joven le pareció que aquel extraño hombre ni siquiera estaba respirando, su propio corazón dio saltos, pero entonces, la mano izquierda del hombre reaccionó e, igualmente ensangrentada que la derecha, se trepó a la mesa y se deslizó como una mancha oscura, casi como un cáncer sobre la blanca formaica. Al tomar el papel, se reveló entonces la manga verde militar que llevaba debajo del jersey.

Ella tuvo una corazonada, su mirada fue directo al televisor y allí vio una foto que le paralizó el corazón. Era la de un joven policía y la voz del noticiero sonó de fondo.

<<El agente ministerial León Ventura fue abatido el pasado veintinueve de marzo, pero la verdadera tragedia vino después, cuando en su funeral apareció un comando armado que abrió fuego contra los dolientes en los velatorios. El resultado fueron otros seis muertos, incluida la viuda e hija del agente Ventura. El cartel del Águila real se adjudicó tal matanza, evidenciándose en una pancarta dejada en el sitio, en la cual advertían a la policía de “no meterse en sus asuntos”>>

<<Hoy, la tumba de este agente ha amanecido abierta y se desconoce el paradero de sus restos.  Seguramente fueron robados como una nueva advertencia para las autoridades>>

La foto del hombre en el noticiero era clara, era un joven de unos treinta años, de facciones amables y ojos claros.

La chica volvió a ver al hombre atropellado y lo encontró ya de pie. Casi le da un infarto. El hombre levantó la maleta deportiva y se la colgó en el hombro mirando hacia la calle. Ella echó una mirada también y notó que afuera ya estaba completamente oscuro, la farola urbana ya se había encendido así que era buen momento para escapar sin ser visto.

— Quédate aquí Nayeli — susurró el hombre y una corriente fría le erizó los vellos de la nuca a la mujer. Él agregó  —. Pide un café, haz tiempo, quédate hasta que cierren. Que no te vean salir junto a mí. Ellos tienen ojos en todos lados, así que deberás esconderte y olvidar que me has visto.

Nayeli miró la maleta y notó que ella también había sufrido bastante con el atropellamiento, pues estaba un poco desgarrada de la parte de atrás. La joven, ante aquella sentencia comenzó a atar cabos.

— ¿Qué llevas ahí? — preguntó con apenas un hilo de voz.

La luz se filtró solo por un instante por esa rasgadura e iluminó el ojo de un hombre que al morir, dejó testimonio fiel del terrible miedo y dolor que sintió en su último aliento.

Los ojos de Nayeli se llenaron de lágrimas y su garganta de angustia, pero no gritó. Se quedó paralizada por el miedo y sus ojos buscaron automáticamente a los del hombre.

— Nayeli… Hay dos motivos por los cuales una persona hombre nada contra la corriente del estigma y regresa a la piel… — la voz del hombre sonó más siniestra que antes. La temperatura bajó dos grados y hasta el olor a moka fue arrasado por el venenoso olor a muerte.  

— ¿Cuáles son?

— Un gran amor o un gran odio.

Dicho esto, el hombre salió y desapareció entre la gente como si hubiera sido una aparición, o quizás una pesadilla.

AUTOR : Guestier Balut

LOLA

A través de la ventana, Lola contempla la pared de ladrillos del edificio de enfrente. Su semblante es serio. Desde la cama puedo observar la pequeña elevación de su ceja izquierda, los rasguños sobre sus pómulos, el lunar en su quijada. Los largos cabellos rubios que descienden por su espalda, ahora se ondean con el paso del viento. Gira su vista hacía mí y sonríe. Puedo sentir la vibración del toqueteo de sus dedos en el alféizar de la ventana. 

—¿No tienes un cigarrillo? —pregunta, sin borrar la sonrisa de su rostro. 

Con un ademán le indicó que en mi bolsa de viaje podrá encontrar un par, o unos cinco, o quizá tres paquetes de cigarrillos. El fumar después del sexo se hizo una costumbre entre nosotras. Sin embargo, no se acerca a buscarlos. Parece que la pregunta fue un intento poco fructífero por hacerme hablar. Lola sabe que soy de pocas palabras, y me cuestiono si eso es lo que le gusta de mí. Si ella me preguntara la razón de por qué siempre la llamo cuando regresó a Buenos Aires, no sabría qué contestarle. Quizá Lola y yo somos dos imanes que se atraen entre sí dentro de un campo magnético. No podemos controlarnos cuando nos cruzamos porque terminamos en Buenos Aires; en el motel Villa Nueva cerca de la calle 52, a las nueve menos cuarto, dos cuerpos se unen hasta la medianoche. Lola, como todas esas noches, se acerca a la ventana para mirar el mismo edificio una y otra vez, me pregunta cualquier cosa que se le ocurra para sacar información de mí que no conseguirá. Solo sabe mi nombre, qué voy a rondar los veintidós años a final de mes, que mi primera vez fue con ella, y que estoy pensando en mudarme a la capital para continuar mis estudios. A lo mejor una que otra noche se me escaparon las palabras y terminé contándole que mi color favorito es el verde, que no soporto el vino, y que soy alérgica a los lácteos; que me rompieron el corazón a los quince, cuando me le confesé a un chica dos años menor que yo; que estoy estudiando psicología y mi sueño frustrado es ser escritora. 

A lo mejor Lola no pregunta más porque intuye todas esas cosas. Puede que las supiera desde antes de conocerme, en un sueño hace tres años en donde una chica desconocida llora en su pecho mientras la abraza. Se sienta en el único sillón de la habitación, tácita, con sus dos pechos expuestos. Y esta vez me percato del lunar debajo de su seno derecho, las costillas forradas en piel, el piercing en el ombligo, y las raíces que crecen en la coronilla de su cabello recordando que la próxima semana toca tinturarse. Sin importarle, por capricho propio, abre sus piernas. Siento su mirada sobre mí, analizando cada uno de mis movimientos, persiguiendo el ritmo de mi respiración. Mantenemos el contacto visual por un rato. Al fondo se escucha a un hombre intentando callar los gritos de su acompañante absorta por el alcohol. 

—¿En qué tanto piensas? Siempre me lo pregunto. Te veo ahí, quieta, solo con una polera puesta, tu cabello revuelto. Una imagen que se repite siempre que nos encontramos. A veces me das miedo porque no dices nada, otras solo me miras como si quisieras decirme algo que no puedes. Dime, entonces, de una vez, ¿en qué tanto piensas? —pregunta Lola, que vuelve a girar su vista a la ventana. Continúa—: Ayer quedé con un cliente regular, el tipo siempre me busca para que le haga orales. Eso es todo. Se saca la polla y quiere que me la lleve la boca. Una y otra vez. Saca y mete. Solo que ayer no pude… Simplemente no pude. Y pensé en ti, y en estas reuniones clandestinas de Buenos Aires. En tu… 

—Lola, ¿te da asco tener sexo con una mujer? —digo las palabras que me han estado atormentando desde la última vez que nos citamos. 

La expresión en su rostro se suaviza. No puedo deducir si me juzga dentro de su cabeza. Quizá ha descubierto mi secreto y se mofa de que una pobre universitaria se haya enamorado de una prostituta. Que no sepa diferenciar entre el corazón y el placer. Esta vez, me levanto y reposo mis manos en el alféizar de la misma ventana en donde estuvo ella hace unos minutos. Yo soy más estática, más seria, a diferencia de ella, con un dolor pulsante en el pecho. En el patio, visible a la izquierda, aún sigue el tipo que se limpia las gotas de sudor con un pañuelo. Se nota el cansancio en su rostro producto de intentar que su compañera, ya inconsciente, entre al coche. Probablemente esté pensando en dejarla tirada sobre el suelo. Y se convierte en un hecho cuando en verdad lo hace, arranca en su Cadillac verde agua sin mirar atrás a la mujer que recién recobra la consciencia. Lola mantiene su vista fija en mí. Me siento más pequeña, más minúscula de lo normal. Una mano toca mi rostro y por instinto volteo a mirarle. Ella no se ha ido. Con sus manos en mi rostro me entrega su mirada dulce, regocijante, llena de fuego, de aire. Y yo más agua, más tierra, me estremezco. Por mis mejillas voy dejando un rastro de lágrimas. 

—Lola, parece que ya no lo soporto. Este dolor en el pecho me atormenta. Los celos cuando me hablas de tus clientes, de lo que te piden que hagas, de lo que te rehúsas a hacer. En las noches, no paro de pensar en ti, en qué estarás haciendo, en dónde estarás. Si estás bien, si estás segura. Quisiera protegerte, que te quedaras en mis brazos por siempre. No sales nunca de mí. No me dejes. Y ya no lo soporto. 

Lola reposa un beso en mi frente. Está sonriendo, de nuevo: 

—Eres así. Le pones color a todo. Lo decoras siempre. Lo haces sonar más lindo de lo que es. Y luego estoy yo, tan distinta a ti, tan de calle, tan mal hablaba. ¿De verdad te gusto? Piénsalo bien. ¿Estás enamorada de mí? —Hace una pausa—. La verdad es que yo también estoy asustada. Muy asustada de sentir esos golpecitos en el pecho cuando te pienso, cuando te veo. Es solo que… —Vuelve a mirar a través de la ventana—. No creo que esto funcione. Soy un capricho tuyo. Capricho citadino. ¿Por qué no lo anotas para tu próxima novela? ¿No es ese placer morboso el que te entrego? 

Evadiendo sus preguntas, me alejo para buscar mi bolso y sacar un cigarrillo. Depositado en mi boca lo enciendo. Doy la primera bocanada sintiendo el humo recorrer mi esófago hasta impregnarse en mis pulmones. Comienzo a sentirme asfixiada pero eso no impide que siga fumando. El tipo ya se ha ido hace mucho tiempo en su Cadillac verde agua. La mujer que lo acompañaba sigue sin levantarse del suelo. Siento una especie de conexión entre nosotras dos, llevadas al extremo por nuestros propios sentimientos. Sofocadas en el motel Villa Nueva cerca de la calle 52, ciudad de Buenos Aires. 

Autora : Jess1stpeter Algoma

CRÓNICAS

El viento ondea las hojas de los árboles. Un amplio cielo azul decora la escena, junto a las nubes que a su paso se van desplazando. Desde el lugar en el que está recostado puede escuchar las cigarras chirriar. El pasto a su alrededor le acaricia el rostro y el sol escoce sus ojos. Se encuentra resguardado en el jardín de su casa. Ha decidido pensar allí un rato acerca de lo que sucede en su vida. Al fondo resuena en la radio una melodía de una vieja canción. A pesar de ello, su cabeza ha estado en blanco desde el mismo instante que se reposó allí. Puede que antes no haya tenido demasiado tiempo de estar solo y es por eso que al más mínimo intento su mente le pide un respiro. Como si los engranajes que le dieran cuerda al mundo y a su existencia hubieran dejado de funcionar, solo por esos escasos minutos, y él se encontrará sumergido en la vastedad de un profundo silencio interno. 

Estira su mano y alcanza a arrancar un pequeño pedazo verduzco del suelo. Un simple extracto de césped que comienza a asir con sus dedos, aplanando y estirándolo. Lo corta en la esquina, y gira la vista hacia el cielo de nuevo, allí solo lo recibe el sol y un pájaro que ahora le observa desde la rama del árbol. Continúa recortando el pedazo hasta que desaparece en sus manos y tiene que arrancar otro de nuevo para continuar con su labor. Esta actividad es la que le permite no pensar en nada. La radio ha dejado de sonar, parece que hay un problema de señal, por lo que el único acompañamiento que le sigue quedando es el de las cigarras y la brisa del viento. Piensa en cómo se sentiría ser una cigarra. Con un solo propósito en su vida, cuando llegarán los meses veraniegos, tendría que chirriar en su máximo esplendor aguardando en los árboles para su apareamiento, y en el momento en que su cuerpo no lo soportara más, explotaría hasta desvanecerse. Qué extraño sería ser una cigarra. De todas formas, la idea no le produce asco ni felicidad. Simplemente la deja estar hasta que se esfuma, fluyendo con la brisa. 

A su lado escucha un maullido y se gira hasta encontrar un gato. Es blanco con manchas negras que le rodean todo su cuerpo. Los bigotes de su cara largos y doblados en las puntas. La cola frondosa. Los ojos celestes, casi cristalinos. No recuerda haberlo visto antes, pero de alguna forma ese gato se ha colado por su casa y ha llegado al jardín. Vuelve a maullar mientras continúa observándole fijamente, hasta que se acerca a él y restriega su cabeza contra su pierna. El gato sube hasta su abdomen, y como si estuviera irremediablemente cansado, después de tanto vagar, se desploma encima y cierra sus ojos. Entonces comienza a pensar cómo se sentiría ser un gato. Vagaría solitario por las calles, observando desde lejos a todos. Caminaría con sutileza por los techos de las casas. Podría comer cualquier cosa que encontrara en los basureros o a lo mejor se escabulliría en algún hogar, como lo ha hecho el gato ahora, y robaría cualquier comida que encontrara, o si tiene suerte, se encontraría con una buena familia que lo adoptaría. Se acicalaría cada vez que se sintiera sucio, y probablemente en su cuerpo se formaría una gran bola de pelos que luego tendría que regurgitar. Podría dormir en cualquier lugar mientras lo resguarda del frío y la lluvia… Pero a medida que el ronroneo del gato va apaciguándose, aquella idea desaparece de su mente, hasta convertirse en un murmullo. El gato se ha quedado dormido. 

Observa la rama del árbol. Ahí aún se encuentra el pájaro, esta vez tácito, como perdido en sus propios pensamientos. Tiene el pico largo, fino y anaranjado. Un contraste con su pelaje negro. El sol ya ha disminuido su intensidad, sin embargo puede sentir la humedad en su cuerpo, las ropas bañadas en sudor. No sigue siendo más que una calurosa tarde verano. Sólo eso. No hay más ruido alguno que el de su propia respiración. Entonces piensa de nuevo cómo se sentiría ser aquel pájaro. Estaría en ese lugar observándose a sí mismo, observando al mundo, quizá buscando una pequeña presa para comer o simplemente resguardándose del sol bajo la sombra del árbol. Su pico le permitiría comer cosas no tan duras, pero tampoco pasaría hambre. Cuando se aburriera del lugar, extendería sus alas y volaría por el cielo con gran agilidad y rapidez, esquivando cualquier obstáculo, hasta llegar a un nuevo lugar en el cual reposarse. Después de todo, quizá sería bueno ser un pájaro, ser ese pájaro. Y esta vez la idea no se esfuma de su mente, se queda ahí perpetrada, cincelada en sus pensamientos. Forma parte de su existencia. A lo mejor, es su existencia. Se ha familiarizado totalmente con ese pájaro que se encuentra en la rama del árbol. Ya no puede discernir entre la realidad y la fantasía de sus pensamientos. El entorno está camuflado por un aire onírico. Ya no entiende si está soñando. Ya no entiende si es un hombre que sueña con ser pájaro. O si es un pájaro que ha soñado con ser un hombre. Sus ojos se van cerrando, cae en un sopor y ensoñación, poco a poco se va desconectando. Alcanza a observar cómo el pájaro despierta de su letargo y extiende sus alas. Está listo para emigrar hacia otro lugar. Pero ya no está presente. No puede observar cómo el pájaro toma fuerza y sale volando del lugar. Él ya ha cerrado sus ojos, preso del sueño, y su respiración se ha convertido en un murmullo, que acompaña el sosiego del gato. 

La radio vuelve a sonar. Los engranajes del mundo sigue girando. 

Autora: Jess1stpeter Algoma

UNA NOCHE MÁS

Alarga el brazo tomando una toalla, saliendo de la ducha con el cuerpo completamente mojado, empieza a secarse y la enrolla en él, aun con el pelo escurriendo las últimas gotas de agua que bajan por la espalda, hasta perderse por las nalgas y resbalar entre los muslos hasta tocar el suelo,  mientras camina lentamente contoneando la cadera… de puntillas sobre el cálido suelo de madera que recubre el apartamento, por el cual deja un rastro de agua hasta llegar al gran ventanal, se queda mirando el reflejo de las luces del skyline de la ciudad en el agua, esa ciudad en la que siempre quiso vivir…

Viendo Manhattan a sus pies, levanta ambos brazos dejando caer la toalla, sintiendo el frio del cristal en los pechos erectos a la que la piel se eriza hasta que un escalofrió recorre su espalda, obligándola a morderse el labio ahogando un gemido, da media vuelta sobre sí misma y se dirige al vestidor, rebusca en el hasta vestirse con un vestido negro, atado al cuello, con la espalda descubierta casi dejando ver el tatuaje que tiene en la nalga, unas braguitas negras de encaje dejan ver un hilito a la que se agacha frente al espejo, sonríe y satisfecha acaba de arreglarse….. Se dirige a la puerta tomando una pequeña cartera, repasándose los labios en un intenso rojo antes de salir por ella. Se monta en el ascensor pensando en lo que esa noche le promete y no puede evitar esbozar una sonrisa en los labios.

El vehículo la espera en la acera, el portero del edificio, un hombre de mediana edad y buen porte, le abre la puerta, entra con lentitud, moviendo la cadera sutilmente en una provocación, mirando hacia el hombre a la que se muerde el labio con una sonrisa, siempre le gusta provocar…

El coche avanza por las calles, hasta llegar a la séptima, el chofer baja y le abre la puerta… Unos pocos minutos después ya pasó la larga cola hasta entrar en su interior, parpadea acostumbrándose aun a la oscuridad y el destello de las luces de colores que llenan la estancia mientras sigue avanzando, saluda algunos conocidos hasta llegar al final de la barra juntándose al grupo con el que quedó… 

Se deja llevar por la música, las copas y el calor de la noche…  El desconocido con el que baila, no se han dicho ni el nombre, pasa cerquita, le guiña un ojo enseñándole la mano abierta, con una bolsita llena y sigue adelante hasta bajar la escalera que lleva al baño.

Ella le sigue, los tacones  hacen el ruido justo al pisar el suelo, entra en el baño, el la espera con la espalda apoyada en la pared, mirando de reojo por el espejo, le mira fijando luego la vista en la encimera viendo dos rayas pintadas en ella junto a un billete, sonríe y cierra la puerta tras de sí… 

La música se escucha de fondo junto al incesante goteo del grifo, respira nerviosa, indecisa pero con cara de vicio… acerca el rostro junto al de él  sin perder la sonrisa, el sonido de la música hace que los pies sigan el ritmo y comienza a bailar a su alrededor por delante por detrás… le roza la mano y seguidamente va hacia su cadera…

Mira como él se relame los labios a la vez que se muerde el labio inferior… en un acto reflejo me sujeta fuerte las caderas empujando su cuerpo contra el mío y acercando mi boca a la suya sin llegar a tocarla me empuja contra la pared levantándome en vilo mis piernas se enrollan en su cintura como una serpiente atrapa a su presa… empuja el cuerpo contra el mío,  la música no cesa y mi cuerpo se mueve a su ritmo, nuestros labios están a punto de fusionarse igual que ambos cuerpos, el sonido de la música se mezcla con los jadeos y gemidos de ambos cuerpos, golpeando contra la pared hasta alcanzar el éxtasis…

Las piernas me tiemblan, doy una gran bocanada de aire llenando los pulmones, intentando recuperar la respiración apoyando ambas manos sobre el pecho de él, apartándolo pero no sin antes darle un mordisco en el labio inferior, agacho la cabeza hacia el suelo sin dejar de bailar, bajándome el vestido para recolocármelo… me acerco hacia las dos rayas que siguen preparadas… agarró el billete, lo encaja en la nariz y agachando la cabeza aspiró fuerte hacia adentro … el amargor me recorre toda la garganta, tomó el pomo de la puerta con mi mano, abriéndola no sin antes dar un último vistazo al interior.

“Un placer” dice antes de salir por la puerta, subiendo de nuevo la escalera hasta llegar a la pista, pensando en esa noche y tantas otras, tan anónimas como es cada individuo en esta ciudad.

Autora: Lluvia Enzo

Y SIEMPRE LA LLUVIA

I

Ya era tarde para echarse atrás. Demasiado tarde. Nunca habría podido imaginar el cariz que iban a tomar sus irresponsables e inconscientes decisiones. Cerró los ojos, queriendo borrar de su mente aquellas imágenes que tenía ante sus ojos. Y su mente viajó vertiginosamente hacia atrás en el tiempo, los recuerdos se agolparon estrepitosamente, sin orden ni concierto, queriendo salir abruptamente de su cabeza…

Fue un seis de abril. Sólo hacía once meses de aquella tarde gris y lluviosa en la que decidió que tenía que hacer algo, no aguantaba las cuatro paredes que le aprisionaba, tenía que salir, respirar, gritar… Daba igual si la lluvia mojaba su pelo y las gotas de agua se mezclaban con las lágrimas que pugnaban por asomar a sus mejillas. Le daba igual si la gente se fijaba en él, un tipo solitario y empapado, caminando por la calle sin paraguas, sin buscar refugio, las manos metidas en los bolsillos de la americana y echando a perder el lustro de sus carísimos zapatos en cada charco que pisaba indolentemente. El escaso pero a la vez incesante tráfico de la ciudad le era completamente ajeno, las carreras apresuradas de la gente, corriendo encorvadas de aquí para allá buscando parapetarse de aquella lluvia intensa y molesta… todo aquello le era ajeno e indiferente. Caminaba sin rumbo fijo cuando algo, su instinto quizá, nunca llegó a saberlo, le hizo girar a la derecha repentinamente, adentrándose en aquella empedrada y retorcida callejuela. El silencio se impuso, los pasos, las prisas, el zumbido incesante de la vida misma… todo cesó de repente. Su consciencia, la cual había estado ausente durante todo aquel trayecto, se hizo presente sacudiéndole y haciéndole volver a la realidad.

Nunca había visto unos ojos como aquellos. Nunca había sentido el dolor y la desesperación que podía expresar una mirada como cuando se cruzó con la suya. Aparentaba no muchos años, treinta y pocos quizá. Su vestido, elegante y empapado, le hizo intuir que aquella mujer estaba fuera de su lugar, perdida. Avanzó lentamente, deteniéndose a sólo un metro de ella. La observaba detenidamente, y ella a su vez, sin mostrar miedo, sólo esa cautela que se siente cuando le mantienes la mirada a un desconocido. 

-Hola, me llamo Juan- acertó a decir balbuceante, teniéndola temblorosamente su mano. Casi al instante se maldijo a sí mismo. ¿Cómo podía haber hecho alarde de semejante originalidad en un momento como aquel? ¿No podía haberla preguntado cómo estaba, si se sentía bien, si necesitaba ayuda? Se sintió ridículo, pequeño, retirando lentamente la mano tendida mientras la mujer apartaba su mirada de la suya, mirando al infinito y volviéndose distante y vidriosa. Él dio dos pasos hacia atrás, la sangre se agolpaba en las sienes a golpe de intensos latidos, un pitido intenso invadió sus oídos, necesitaba irse de allí, no sabía qué decir. Se giró y comenzó a alejarse lentamente.

-Yo María… 

Se detuvo de golpe. ¿Era real o su imaginación le estaba jugando una mala pasada? 

-Me llamo María, y estoy viviendo uno de los peores días de mi vida, Juan- y aquella voz se quebró definitivamente en llanto.

II

-Entonces… ¿te gusta? Dí que sí!! ¡Anda, vaaa! Díme algo, Juaaaaan!

Tres meses, cinco días y unas horas habían transcurrido desde aquella lluviosa tarde. Juan llevaba la cuenta meticulosamente, porque todo, desde entonces, le había parecido un sueño. Y no quería despertar de él, se negaba a hacerlo. Aquella mujer, María, había pasado a ser el centro de su existencia: su vitalidad, su juventud, sus ganas de comerse el mundo, de recomenzar de nuevo… toda aquella vitalidad le habían contagiado, y ahora la contemplaba, mirándola extasiado, sentados juntos en el sofá, ante aquel catálogo inmobiliario sobre sus piernas…

-Que siiii, que está genial, estoy seguro que podremos hacernos cargo. Además te encanta, te veo tan ilusionada… Decididamente, creo que has acertado completamente. Nos la quedamos.

Y la miró hacer. Cómo se catapultó levantándose dando un brinco del sofá gritando de júbilo, cómo se situó ante él, bailando una música imaginaria, la mirada encendida, la sonrisa ancha iluminando su cara, la media melena alborotada y aquellos mechones rubios y rebeldes queriendo ocultar su rostro, haciéndola parecer casi una adolescente. 

-¡No me lo puedo creer, no me lo puedo creer! ¿De verdad que te gusta? O me dices que sí sólo por satisfacerme… -dibujando un mohín travieso mientras se sentaba en sus piernas y le sujetaba la cara con sus manos, frente contra frente. Juan bizqueaba intentando fijar su mirada en sus ojos. 

–Sí, me gusta. ¡Es más, me encanta, nos la quedamos! Pienso que has tenido una…. 

María no le dejó terminar. Ella selló sus labios con los suyos, mordiéndolos, excitada. Juan no tuvo más que dejarse llevar, su cuerpo se fue recostando hacia atrás en el sofá, ella lo acompañó sin soltar su cara de sus manos y sin separar los labios de los suyos. Aquel beso casi adolescente de excitación contenida, se fue transformando poco a poco en uno más intenso, más sosegado, más tendencioso. María recorría con sus labios los de Juan, deteniéndose en ese pequeño lunar que tanto adoraba y la volvía loca, justo en el borde del labio bajo la nariz, para continuar seguidamente hacia las comisuras. Él se dejaba hacer, dejándose invadir por la lengua de María, saliendo a su encuentro con la suya, tocándose tímidamente al principio, volviendo a sentir aquel escalofrío que sintieron cuando se besaron por primera vez. Sus lenguas se movían al unísono, como si danzaran entre ellas, entrelazándose. Sus respiraciones se tornaron en jadeos. Terminaron tendidos en el sofá, sabían lo que iba a suceder a continuación. Y lo deseaban. Vaya que sí….

III

Ya era tarde para echarse atrás. Demasiado tarde. Nunca habría podido imaginar el cariz que iban a tomar sus irresponsables e inconscientes decisiones. Cerró los ojos, queriendo borrar de su mente aquellas imágenes que tenía ante sus ojos. Pero no pudo hacerlo por mucho tiempo. Los abrió, contemplando de nuevo aquel panorama y a sí mismo: ataviado con smoking, su madre a la derecha, detrás de él un sacerdote ordenando unos papeles, todo ceremonioso. Frente a él, innumerables bancos adornados con flores y ocupados por familiares y amigos como elegantes invitados contemplándole sonrientes… De repente, una música de un órgano sonó atronadora, acallando las quedas voces y susurros. Una marcha nupcial. Se abrieron las puertas al fondo de par en par. Las cabezas se giraron al unísono hacia ellas. Y apareció ella, preciosa, resplandeciente, toda de blanco, caminando muy lentamente hacia él, despacio,  agarrada del brazo de su padre…

-Juan: ¿quieres a Belén como esposa, amarla y respetarla, de hoy en adelante, en la prosperidad y en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad,  todos los días de tu vida y hasta que la muerte os separe?

Juan se tomó su tiempo. Tragó saliva. Miró a Belén, quien le contemplaba con una sonrisa esperanzada y los ojos brillantes Y su mente voló, y voló. Y viajó hasta María, hasta aquella callejuela mojada de un día de abril, hasta aquel beso apasionado y casi robado en el sofá, y hasta aquella curva de la carretera, en una noche lluviosa, donde María se despidió de él ofreciéndole su último aliento….

-Sí, quiero…

Y fue entonces, por primera vez desde aquella noche, cuando una lágrima se deslizó por su mejilla.

Autor: Javi Gearz

Desde el Grupo de Unihispana Crea queremos agradecer a todos los participantes, por vuestro esfuerzo y creatividad.

Os esperamos el próximo año ¡¡¡¡¡

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